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Natalicio de Artigas

Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres

Martes 19 de junio de 2007, por Heidi Mac Lennan Rubio

José Gervasio Artigas

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Nacio en Montevideo el 19 de junio de 1764 y murio en Paraguay el 23 de septiembre de 1850.
Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres.
Fue uno de los más importantes estadistas de la Revolución del Río de la Plata, por lo que es honrado también en la Argentina por su contribución a la independencia y federalización del país.
Fue destacado militar en las guerras por la independencia y reconocido máximo prócer uruguayo.

Tuvo una actuación fundamental en las luchas independentistas y en el predominio de las ideas republicanas y democráticas sobre las monárquicas. Luchó sucesivamente contra el Imperio Español, los unitarios instalados en la ciudad de Buenos Aires y Montevideo y el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve. Condujo a los actuales territorios de Uruguay, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones hacia la independencia de España.

De manera directa, sus luchas se orientaron a la conformación de las Provincias Unidas del Río de la Plata organizadas estrictamente sobre los principios del federalismo y la república, defendiendo la integración de lo que hoy es Uruguay como Provincia Oriental, en referencia al hecho de que el territorio se ubica en la banda oriental del Río Uruguay. Esta es la razón por la cual los uruguayos se denominan a sí mismos, habitualmente, con el gentilicio de «orientales».

Su férrea defensa de la autonomía federal de las provincias contribuyó de manera indirecta a la constitución de la República Oriental del Uruguay como estado independiente en 1828, cuando él se encontraba ya en su largo exilio en Paraguay, país donde murió.

FRASES QUE NOS LEGO ARTIGAS DE SU IDEARIO

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«La causa de los pueblos no admite la menor demora»

«Que los más infelices sean los más privilegiados»

«Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos»

«Con libertad ni ofendo ni temo»

«Sean los orientales tan ilustrados como valientes»

«Tiemblen los tiranos de haber exitado nuestro enojo»

«El depotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los pueblos»

«La cuestión es solo entre la libertad y el depotismo»

«Todas las provincias tienen igual dignidad e iguales derechos»

«Que los indios en sus pueblos se gobiernen por sí»

«Para mi no hay nada más sagrado que la voluntad de los pueblos»

«En lo sucesivo solo se vea entre nosotros una gran familia»

«Yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi empeño que ver libre mi nación»

«No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad»

«Que en modo solemne se exprese la voluntad de los pueblos en sus gobernantes»

«El pueblo es soberano y él sabrá investigar las operaciones de sus representantes»

«Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana»

«Unidos intimamente, luchamos contra tiranos que intentan profanar nuestros más sagrados derechos»

«Los pueblos de la América del Sur están intimamente unidos por vínculos de naturaleza e intereses recíprocos»

«No existe un pacto expreso que deposite en otro pueblo de la federación la administración de la soberanía»

En este homenaje, incluida la letra de nuestro Himno Nacional.

¡Orientales, la patria o la tumba!
¡Libertad o con gloria morir!
Es el voto que el alma pronuncia,
y que heroicos sabremos cumplir!

¡Libertad, libertad, Orientales!,
este grito a la Patria salvó
que a sus bravos en fieras batallas,
de entusiasmo sublime inflamó.
De este don sacrosanto la gloria
merecimos ¡Tiranos temblad!
¡Libertad en la lid clamaremos,
y muriendo, también libertad!

Dominado la Iberia dos mundos
ostentaba su altivo poder,
y a sus plantas cautivo yacía
el Oriente sin nombre ni ser:
más, repente sus hierros trozando
ante el dogma que Mayo inspiró,
entre libres, y déspotas fieros,
un abismo sin puente se vio.

Su trozada cadena por armas,
por escudo su pecho en la lid,
de su arrojo soberbio temblaron
los feudales campeones del Cid:
en los valles, montañas y selvas
se acometen con muda altivez,
retumbando con fiero estampido
las cavernas y el cielo a la vez.

Al estruendo que en torno resuena
de Atahualpa la tumba se abrió,
Y batiendo sañudo las palmas
su esqueleto, ¡venganza! gritó:
los patriotas el eco grandioso
se electrizan en fuego marcial,
y en su enseña más vivo relumbra
de los incas el Dios inmortal.

Largo tiempo, con varia fortuna,
batallaron liberto, y señor,
disputando la tierra sangrienta
palmo a palmo con ciego furor.
La justicia por último, vence
domeñando las iras de un Rey;
y ante el mundo la Patria indomable
inaugura su enseña, y su ley.

Orientales mirad la bandera,
de heroísmo fulgente crisol;
nuestras lanzas defienden su brillo,
¡nadie insulte la imagen del sol!
De los fueros civiles el goce
sostengamos; y el código fiel
veneremos inmune y glorioso
como el arca sagrada Israel.

Por que fuese más alta tu gloria,
y brillasen tu precio y poder,
tres dilemas, oh Patria, se vieron
tu dominio gozar, y perder.
Libertad, libertad adorada,
¡mucho cuestas, tesoro sin par!
Pero valen tus goces divinos
esa sangre que riega tu altar.

Si a los pueblos un bárbaro grita,
removiendo su extinto furor,
fraticida discordia evitemos,
¡diez mil tumbas recuerdan su horror!
Tempestades el cielo fulmina,
maldiciones descienden sobre él,
y los libres adoren triunfantes
de las leyes el rico joyel.

De laureles ornada brillando,
La Amazona soberbia del Sud,
en su escudo de bronce reflejan,
Fortaleza, Justicia y Virtud.
Ni enemigos le humillan la frente,
Ni opresores le imponen el pie:
Que en angustias selló su constancia,
Y en bautismo de sangre su fe.

Festejando la gloria, y el día
de la nueva República el Sol,
con vislumbres de púrpura y oro,
engalana su hermoso arrebol.
Del Olimpo la bóveda augusta
resplandece, y un ser divinal
con estrellas escribe en los Cielos,
Dulce Patria, tu nombre inmortal.

De las Leyes el Numen juremos
Igualdad, patriotismo y unión,
inmolando en sus aras divinas
ciegos odios, y negra ambición.
Y hallarán los que fieros insulten,
la grandeza del Pueblo Oriental,
si enemigos, la lanza de Marte,
si tiranos de Bruto el puñal.

¡Orientales, la patria o la tumba!
¡Libertad o con gloria morir!
Es el voto que el alma pronuncia,
y que heroicos sabremos cumplir!

El Himno Nacional es el aprobado por los decretos del 8 de julio de 1833, 12 de julio de 1845, 25 de julio de 1848 y 26 de julio de 1848, más disposiciones concordantes e instrumentación aprobada por resolución del 20 de mayo de 1938. El autor de la letra del Himno Nacional es D. Francisco Acuña de Figueroa, mientras que la música fue compuesta por D. Fernando Quijano. Posteriormente, se hicieron adecuaciones de instrumentación musical a cargo del maestro Gerardo Grasso y el maestro Benone Calcavecchia.

Ver en línea : Biografia

P.-S.

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